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24 mayo, 2017 / hedapa72

Daniela

» Nada falta en el mundo como esa presencia henchida de estar siendo dondequiera que está. No; hay nada que falte tanto en todas partes como Zoé cuando ella está ausente»

Salvador Elizondo. El retrato de zoé

 

No sé cómo asirte en mi memoria, estabas transformada, usaste la mejor forma corpórea que pudiste encontrar y me preguntaba cómo era que la habías concebido, ¿ como es que yo te concebí a ti en un nueva veleidad de mi vida que pugnaba por salir de donde estaba sedimentada? Daniela, supe que era tu nombre desde el instante en que tu existencia era solo una sospecha mal fundada por los rigores del calendario biológico de Claudia. Eras tú, posible solo en mi memoria, te coloqué en todas las situaciones posibles que mi pensamiento pudo recrear a través de pulsos electrónicos, siempre difuminados por la incertidumbre de no saberte segura ni posible, sin embargo ya eras algo, ya estabas ahí…Posando o intentando hacerlo para Daniel que te pedía que te estuvieras quieta mientras él te dibujaba a lápiz alternando sus ojos, que se asomaban a través de los cabellos que le caían en la frente, entre tu imagen y la que se repetía en el papel en blanco. Daniel hace un bosquejo, te da una paleta y te vas de ahí con todo y tus tres años dejando a Daniel trabajar en tu dibujo, me mira preguntando de qué color son tus ojos incapaz de precisar un color certero para ellos ya que a veces parecen ser una réplica de los de tu madre y otras algo más que no logramos nadie precisar, verdes, azules, cafés, una mezcla de todo ello…No te muevas Daniela, quédate quieta que quiero perpetuarte en mi memoria para crear un recuerdo al que pueda recurrir cuando esté muy cansado de todo…

Pamela te mira atenta y pensativa, su gesto huraño habitual en ella se ha disipado, me digo a mi mismo que ella ha sido así desde pequeña, callada y pensativa; solo necesita un poco de tiempo para mostrar el encanto que guarda dentro de sí misma y que reserva solo para unos pocos.  Ha ocurrido algo Daniela, has tirado al piso tres libélulas secas que estaban sobre el escritorio, te inclinas al piso y las tomas entre tus manos y se deshacen esparciendo un fino y brillante polvo que intentas atrapar entre tus manos sin conseguirlo, Pamela ríe  recordando la noche remota en que ella intentaba atrapar un rayo de luna…

Solo era necesario un poco de tiempo, no pudimos dejar que pasara, mejor dicho no paso …o si pasará y no estarás aquí, sin embargo estas ahí haciendo todo que usualmente se hace cuando se tiene el tiempo que has estado tú aquí…No seremos testigos, la imaginación me hace verte peinada con trenzas, con chongos, con diademas y preguntas incesantemente el significado de cada cosa que tus ojos ven…desconcertada observas el ir y venir de las olas mientras tus pies se posan en la tibia arena que te hace cosquillas y sonríes sin saber qué es eso que te hace sentir tan bien…

Todo pudo ser de otro modo, en la infinita gama de posibilidades pude jugar contigo y cargarte mientras te aferras a mi cuello buscando protección y yo calmo tu llanto provocado por que el chupón se te ha caído y no hay otro al alcance, te digo que esperemos pero no me entiendes…pude vernos en las madrugadas eternas en las que tratabas de adaptarte al mundo exterior y tu lenguaje para expresarlo no era otro que el llanto, llanto porque la calor te agobia, llanto porque ya han pasado tres horas y tu pequeño cuerpo reclama las tres onzas de leche que componen tu alimento  y que reclamas con la precisión de la luna y sus movimientos en la noche eterna e imprecisa…

No estaremos aquí cuando sucedan muchas cosas, nuestro intervalo de tiempo es tan breve que nos perderemos muchas cosas que pudieran maravillarnos, el tuyo fue aún más breve que el nuestro. No fuiste, no pudiste ser y sin embargo fuiste y eres algo en mi…

 

Héctor Mora Pacheco

 

25 octubre, 2013 / hedapa72

Cocineros 1

grabado gremio panaderos

Cocineros 1

“Concéntrate tan sólo en tu cuerpo. Es él, más que tu memoria, el que sufre esta prueba exquisita y cruenta.»
Salvador Elizondo. Farabeuf

El me indico que llevara donde anotar, cuando me dictaba tenía que escribir rápido porque no le gustaba repetir y el dictado iba a la velocidad de sus pensamientos, pensaba mucho; era callado y taciturno, como si lo que no hablara al exterior se lo hablara a sí mismo. Era Raúl Cisneros, Chef pastelero del Club de Industriales de Guadalajara en la segunda mitad de los años ochenta. Cuando tenía 17 tuve el privilegio de ser su ayudante por dos años, entonces no valore lo que eso significaba para mi formación al estar en ese tiempo y en ese lugar; yo solo hacia las recetas que me indicaban y las anotaba en un cuaderno porque Raúl me las daba solo una vez bajo advertencia de que no las repetiría. Sin embargo, aquello era para mí como estar jugando, me divertía mucho la solemnidad de Raúl, y el hecho de trabajar con materiales comestibles…aun hoy, a veces, al estar trabajando por instantes pienso que es un juego, me sigue divirtiendo. Pero en aquellos días para mí era más importante saber cuándo aparecería el nuevo disco de Metallica que anotar y atesorar esas recetas, recuerdo cuando renuncie a ese trabajo, los motivos por los cuales lo hice mejor los omito porque no hay otra cosa detrás de ellos  que mi estupidez. Cuando me fui a despedir de Raúl me dijo que ahí estaba el cuaderno donde había anotado todas las recetas, sugiriéndome que me lo llevara, yo le dije: no, ahí se lo dejo al que llegue en mi lugar, ya me las aprendí. Sonrió con una ligera mueca de decepción, recuerdo ahora su expresión, era como si me dijera que años después me arrepentiría de lo que en esos momentos estaba dejando…y tuvo razón si eso fue lo que pensó, a lo largo de los años he reproducido algunas de las recetas que recuerdo con memoria fotográfica, pero otras tantas, por no decir la mayoría, se me escapan y no logro dar con ellas, por ejemplo: se hacían unos bollos de ajo, un pan de comino y unas pastas secas, que me han obsesionado durante años por no recordarlas íntegramente. He hecho muchos intentos por igualarlas, pero no logro dar con lo que me falta porque eso no se quedó en mi memoria sino en mi cuaderno, a veces cuando salgo a caminar por las tardes y me quedo largo rato en el campo trato de recordarlas, pero mi memoria no logra asirlas y es entonces cuando creo ver la cara de Raúl dibujada en el crepúsculo diciendo: “Te lo advertí, muchacho pendejo”.

Durante años confié en mi memoria, trabajaba y hacia mis menús sin tomar notas, hacia las cosas por instinto y no veía la necesidad de registrarlo porque confiaba en que lo recordaba, con los años algunas cosas se han hecho difusas, imágenes que vienen y no puedo retener, tuvieron que pasar más de 15 años para que me diera cuenta de la importancia que tiene llevar un registro de lo que estás haciendo día con día; esto me lo dijo Adrián Herrera Díaz una tarde. Entonces yo estaba intentando de integrarme a su equipo en la Fonda San Francisco, tácitamente él me ponía pruebas que, debo admitir, no siempre pude superar, su método de trabajo era nuevo para mí. La Fonda era un pequeño restaurante que Adrián convirtió en un lugar de culto gracias a su talento, esa tarde me dijo, palabras más palabras menos, que le molestaba mucho esa actitud, luego de que me pregunto si había anotado una receta que una noche antes habíamos hecho, le conteste que no, y me dijo: si tantos años trabajaste haciendo tus menús y no llevaste un registro de tu trabajo, tu trabajo se vuelve humo, nada, ¿entiendes? no sirve que lo tengas en la memoria ¿o lo recuerdas todo? Tuve que admitir que no, en ese tiempo lidiaba con telarañas que tenía en mi cabeza, me sentía muy inferior, sentía que no estaba a la altura de un lugar como La Fonda San Francisco, Adrián a pesar de su estilo duro, directo y a veces poco amable, era lo suficientemente abierto como para permitirle a su equipo crear sus propias recetas, y si estas valían la pena las incluía como parte integral de sus menús semanales, le daba valor a cualquier aportación que mereciera la pena, las que se desechaban no se iban sin pasar antes por un análisis previo de sus posibilidades; aun con mis tribulaciones de ese tiempo podía darme cuenta de que estar cerca de Adrián representaba una oportunidad única de ver, desde otra perspectiva, lo que durante años había estado haciendo de una forma, por decirlo de alguna manera, casi mecánica…

La honestidad es algo que estaba intrínsecamente ligada a todas las recetas de Adrián, eran fieles a sí mismas, no existía el uso de latas o de cosas industrialmente procesadas como elementos, eran ingredientes que Adrián se encontraba en los mercados a donde iba, y si veía algo interesante se lo traía consigo para estudiar sus posibles usos investigando, analizando, midiendo y meticulosamente anotando todo cuanto se hacía…una tarde llego y mientras sacaba la compra de la cajuela de su coche me dijo: mira ahí hay algo con lo que podemos jugar, y me señaló unos pimientos en miniatura.

Nunca supe de donde salieron las recetas con las que Raúl trabajaba, a él nunca lo vi investigar ni experimentar nada, no sé si las aprendió de alguien más o las busco en libros, algo que vi repetirse en muchos otros chefs con los que trabaje en hoteles grandes, simplemente llegaban a nosotros los recetarios ya hechos, no tuve en cuenta durante ese tiempo que detrás de cada receta debe haber investigación, experimentación y cosas así, eso lo aprendí de Adrián. Algunas veces he consultado libros en busca de las pastas de Raúl, o de los bollos de ajo, pero nunca he dado con ellas, supongo que Raúl aprendió las bases sobre la marcha, pues él no había estudiado en ninguna escuela, cuando yo le conocí el rondaría los 45 años y casi toda su vida había sido pastelero, así que de alguna forma consideraba que las recetas eran un paradigma implícito en un tejido de conocimiento, algo que creí indivisible porque después, cuando estuve en otras cocinas veía que la Bechamel siempre se hacía de la misma manera, lo mismo para los velutés y los fondos, tengo que admitir que por mucho tiempo no me interesé en investigar el origen de las recetas, pensaba que era más importante leér a Hermman Hesse, a Bukowski o a Jack Kerouac que ocupar mi tiempo con libros de cocina. Cuando estuve con Adrián fui testigo del nacimiento de una receta, hecha a la medida de las necesidades emocionales de su creador, recuerdo haber estado experimentando con él y decía cosas como: “esto sabe como estancado en sí mismo, necesita algo que lo saque de ahí”

Años después, ya en mi actual trabajo, estaba yo en proceso de escoger un menú adecuado para un hotel boutique, le llamé para pedirle consejo y me dijo que en esta región había cosas interesantes con las cuales podía trabajar, hay chorizo y queso de cabra, dijo: métele un queso de cabra; yo entendí la frase como algo literal, pues en La Fonda uno de los platos emblemáticos era un queso de cabra que se asaba a la plancha y se le añadía un salteado de nopales y cebolla morada sazonado con vinagre, soya, y al final un toque de miel de agave y hierbabuena fresca picada, era una delicia, yo imité el plato pensando que sus palabras me autorizaban a hacer uso de su creación, cambie la miel de agave por una miel de piloncillo que yo mismo hacia con mezcal y el tipo de queso que utilicé era una panela de cabra un tanto diferente a la que se usaba en La Fonda, total de que un día Adrian junto con otro famoso Chef amigo suyo vinieron al hotel, su amigo vió el menú y con una risa burlona dijo que se le hacía conocido ese plato, refiriéndose al queso de cabra, Adrián solo me miro con una ligera sonrisa, algo raro en él, pues no suele sonreír mucho; en ella no había ningún rastro de reclamo por usar su plato sin embargo sentí mucha pena y me di cuenta de que sin pensar en ello, había caído en el error de copiarlo al malinterpretar sus palabras sugerentes en el sentido de hacer algo con el maravilloso queso de cabra que hay en esta región, comprendí que la honestidad es ante todo algo que debe aplicarse a la hora de estar haciendo una receta propia, eso me lo enseño Adrián con tan solo sonreírme cuando su amigo me exhibió cruelmente, algo que en el fondo le agradezco mucho a él también pues desde entonces no he vuelto a copiar descaradamente a nadie. Entiendo también que las cosas siempre tienen su origen en una influencia anterior a su confección, alguna vez leí que un escritor (creo que lo dijo Carlos Fuentes, pero no estoy seguro) decía que no hay libros huérfanos sino que todo tiene su antecedente o su padre putativo en uno anterior, con la cocina creo que sucede lo mismo. Digo esto sin la menor intención de justificar mi plagio.

Tuve muchos maestros a lo largo de los años que tengo trabajando como cocinero, pero en los últimos años Raúl y Adrián han estado muy presentes a la hora de hacer mi trabajo, he estado inmerso cada vez más en la repostería, en parte porque me gusta mucho lo dulce y en parte porque hacerlo me recuerda a aquellos años en los que no pensaba mucho y me divertía haciendo galletas al lado del silencioso Raúl Cisneros, Hoy en día, a la hora de hacer una receta nueva de alguna salsa o cuando veo algo interesante primero lo investigo y anoto todo el proceso, influenciado por Adrián y su honestidad e ingenio. Hacerlo es una forma de presentarles respeto a estos hombres con los que tuve la fortuna de trabajar, cuando algún plato o postre sale bien, es como un pequeño y secreto homenaje a ellos, que quizá nunca sepan lo importante que fue para mí conocerlos. Nunca le digo estas cosas a nadie, en silencio pruebo los platos terminados imaginándome que ellos los están probando también…y me gusta pensar que tengo su aprobación. Cuando algo no sale bien o el resultado es una porquería pretensiosa imagino el rostro severo de Adrián diciendo que ese plato puede dar más de sí mismo si le pongo un poco más de empeño, con los postres sucede lo mismo, hace poco hice un pastel de glorias con queso, me gustó tanto que al probarlo me imagine que si se lo daba a probar a Raúl quizá le arrancaría alguna mueca de satisfacción…Por cierto a él nunca recuerdo haberlo visto sonreír por nada… ¿o sí? Bueno, no estoy seguro.

Héctor Mora Pacheco.

14 junio, 2013 / hedapa72

Heaven…¿and hell?

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Heaven… ¿and hell?

Para Héctor Daniel Mora Solano.

No estoy contento con la vida, nunca lo he estado. La mayor parte del tiempo que he vivido lo he considerado algo pesado y difícil de llevar sin embargo…hay pequeñas cosas, pequeñísimos momentos en los cuales eso se disipa y me siento, ¿Cómo decirlo? Feliz es una palabra corta y ambigua, no define exactamente como me siento en esos breves instantes que suelen presentarse de vez en cuando, a veces tardan en llegar, pueden pasar semanas, meses sin que se presente alguno y de pronto, simplemente sucede: breves burbujas de tiempo que contienen una emoción sublime están ahí, flotando en tejido del espacio y el tiempo, asequibles sin necesidad de recurrir a alguna droga alucinógena, solo hay que estirar la mano y tomar lo que traen consigo…
Una nube de polvo flota sobre miles de cabezas, al fondo: un enorme escenario, arriba: un irracional sol ejerce su función, el calor consecuente es abrumador, sin embargo ahí estamos, Daniel, mi hermano y yo, confundidos entre otros miles que también visten de negro y que reaccionan tribalmente ante los sonidos emitidos desde el escenario, esta vez es el turno de Suicidal Tendencies, un flashback me lleva al pasado cuando comienzan a tocar “you can´t bring me down” pero veo a un muchacho parado frente a mí, el pelo largo le cae en el rostro, mueve su cabeza, se acerca y me dice al oído “espero que toquen I shot the devil” entonces regreso al presente, ya no tengo 18 años, No esta mi primo Adrián, ni El Tejón, ni Oscar ni ninguno de mis amigos; es mi hijo y él está conmigo en el año 2013 viendo a Suicidal Tendencies en el hell and Heaven fest…una burbuja flota frente a mí.

La tarde se va disipando…Así.

En el escenario principal Testament comienza a tocar, Daniel quiere irse al otro escenario porque Sodom estará en él y no quiere perdérselo, yo tampoco, insiste en querer estar hasta adelante así que nos abrimos paso, llegamos a un punto en donde no podemos avanzar más y nos detenemos a esperar, ya la noche ha caído, mi hijo queda de espaldas frente a mí, quiero abrazarlo pero el voltea y me mira sonriendo dándome a entender que no es el lugar para que muestre mi tartamudo amor de padre, entiendo y nos reímos, finalmente Sodom está en el escenario, la emoción es indescriptible mientras el ataque violento de sonido es emitido, de espaldas a nosotros se arma un enorme Mohs que nos alcanza y una vez dentro no puede quedarse uno parado, en medio de eso suena “Agent Orange” Daniel voltea a verme sorprendido, solo puedo sonreír, sonríe también…la emoción es infinita.

Estuve a punto de llorar, no lo hice porque no era el lugar adecuado, se supone que somos metaleros rudos y duros de corazón, sin embargo…

Emprendimos el regreso, lo que acababa de vivir reverberaba en mí, Mi hijo comentaba las cosas que habíamos visto, “ahora si ya me puedo morir tranquilo, después de ver a Sodom” le dije que es prematuro, en su caso, hablar de la muerte, rio y dijo: “es un decir, estuvo chingon ¿verdad jefe?” Sonreí, agradecido con la vida, con las burbujas, agradecido con Daniel y por las cosas que creía olvidadas y que con él, ahora regresaban.

Héctor Mora Pacheco.

20 mayo, 2012 / hedapa72

Enterrado vivo

«y abajo en el agua los peces lloran
y toda el agua son sus lágrimas»

Charles Bukowsky. 

¿Por qué esta tan oscuro? Y este olor… me es tan familiar; creo que hace mucho tiempo llego a mi nariz un olor parecido… o el mismo ¿cuánto tiempo ha pasado desde entonces. ¿O no ha pasado y sigo en el mismo lugar?… no debe ser así, todas estas imágenes que vienen ¿de dónde? No sé quien las guarda en mi cabeza, las recuerdo como algo que realmente sucedió, si hubiera estado aquí desde siempre no tendría recuerdos, estos se reducirían a la oscuridad, este olor y la sensación de estar flotando en… creo que me encuentro sumergido en un estrecho tanque lleno de un liquido extraño y sin embargo puedo respirar… ahí están otra vez esos ruidos, parecen coches en una avenida.  Recuerdo haber Caminado por las aceras encontrándome a gente como yo, hay luz; debe ser el sol del que tanto hablan y miden y estudian, nadie le habla a nadie y todos caminamos sin mirar a los lados, inmersos, con la mente en algún lugar lejano. Quisiera conocer a alguien, hablar largamente y que al final nos despidiéramos diciendo algo como: fue un gusto conocerte ¿cuál es tu nombre? ¿De dónde vienes? ¿De dónde venimos todos? …¿lo sabes tú?

Quisiera estar en un parque, sentarme en una banca a mirar a los niños jugar en columpios y resbaladillas, oír sus risas levitar por el aire para después estrellarse en un grueso muro de silencio; correrán  levantando el polvo de la tierra bajo la que estarán algún día, serán adultos antes de eso, avanzan a su futuro que se ha gestado en aparadores de centros comerciales; en iglesias dedicadas a un Dios que no se hace presente y sin embargo se le atribuye la creación de este mundo…y supongo que de todos los demás. Todo pudo ser distinto, si hubiese sido así tal vez tendríamos otra forma, pero estamos aquí quizás por una anomalía ¿por qué después del Big Bang las partículas subatómicas tuvieron que comportarse de tal manera? En algún lugar estará esa respuesta, ahora solo podemos saber cómo ocurrió pero no las razones por las cuales el universo existe… de cualquier forma eso no importa ahora, estoy atrapado dentro de este nicho pensando en estas cosas absurdas en lugar de pensar en cómo salir de aquí… ¿a dónde se fueron los niños? Ahora solo veo una ligera nube de polvo suspendida sobre las cosas que poco a poco se va con el viento desvaneciéndose, deja un rastro de silencio, un inaudible rumor de voces y risas que se extiende como sabana sobre una cama en toda la ciudad, ¿a dónde se fueron los sonidos de sus risas? Solo ha quedado esta hiriente hablilla de maquinas y robots que miran anhelantes los aparadores de las tiendas y se protegen con paraguas de la lluvia y del sol; algún día el sol se terminara su combustible y el agua ya no se evaporara, no habrá de que preocuparse, entonces si podremos ver los aparadores donde se exhiben las lapidas y consultaremos a los compositores de epitafios para elegir el que más nos agrade y ponerlo en nuestra tumba previamente acondicionada con lo más moderno del mercado… aún no se qué o quienes me trajeron aquí, y supongo que nunca lo sabré; tengo que salir de aquí, me pregunto si mis manos me servirán para hacer un túnel, o tal vez espere pacientemente a que se cumpla el periodo de mi gestación y venga un partero o una comadrona a sacarme de aquí, ¿qué habrá allá afuera? Fuera de este útero; de esta enorme matriz de muerte y pestilencia donde las hermosas risas los niños son ensordecidas por cacofónicas ofensas forjadas en calles aullantes de dolor. Tengo que buscar algo que me haga sonreír y haga más leve la espera…antes de que sea muy tarde.

El oxigeno es como la tierra que cubre esta enorme sepultura de la que no podré salir nunca… eternamente me preguntare una y otra vez que fue lo me trajo aquí. Debe existir alguna razón…¿o no?

 

 

 

30 abril, 2012 / hedapa72

El reposo de La Fonda San Francisco

“…You change all the lead

sleepin’ in my head,

as the day grows dim

I hear you sing a golden hymn…”

Arcade Fire “ Neighborhood #1 (Tunnels)”

No conozco los detalles de su cierre, apenas si los motivos y lo que sus dueños han publicado en las redes sociales y en su blog. Puedo decir que mi paso por La Fonda San Francisco fue tan breve como definitivo en mi concepción, no solo de la cocina sino de algunas otras cosas, el caudal de ideas que fluían de la mente de su dueño era tan constante y novedoso que por instantes me sentía abrumado y encontraba difícil seguirle el ritmo; incluso a momentos llegue a pensar que como cocinero yo estaba obsoleto…

Fue difícil dar con él lugar, me perdí en las calles aledañas; cuando por fin entré, el pequeño comedor estaba solo, espere que alguien saliera pero nadie apareció. Vi el decorado: fósiles y calaveras enmarcados sobre una pared de rústica superficie; un potente metal salía de las bocinas de un aparato que no podía visualizar, estaba sorprendido, esperaba otra cosa y lo que encontré fue la mirada en una foto de Edgar Allan Poe escudriñando fijamente a quien entraba. Experimente una especie de alivio, había hecho una cita telefónica con alguien, ese alguien resulto ser El Chef Herrera, agradecí a la vida el hecho de no tener que vérmelas una vez más con un ejecutivo de recursos humanos, sino con el dueño del lugar y quien quiera que este fuera, si le gustaban los fósiles, el metal, cocinar y las calaveras no podía ser alguien deleznable, aun sin conocerlo, al estar en esos breves instantes primigenios en su restaurante, tan solo por lo que estaba viendo sentí que estaba en el lugar correcto…

Me acerque a la única puerta visible, me di cuenta de que era la cocina, el olor delataba, atónito, me asome al interior y entonces me tope por primera vez en mi vida con Adrián Herrera, me miro con sus combativos ojos azules mientras agobiaba sartenes y cuchillos diciendo que estaba haciendo pruebas para su menú semanal, me pareció  enorme en medio de la pequeña cocina, había humo y el rumor y olores inherentes en una cocina en la cual algo se prepara…

Me entrevisto, sentados en el comedor me di cuenta de que ni la Fonda ni él eran algo ordinario…

Nunca llegue a integrarme del todo a la Fonda debido a mis eternos problemas emocionales y personales, algo que lamento mucho, pero recuerdo con nitidez cada una de las cosas que vi, la afanosa búsqueda daba como resultado sabores voluptuosos, otros eran austeros, contundentes y algunos más extravagantes, no había nada que no se probara o analizara antes, el impulso experimental tenía una base casi científica, tenía la sensaciónde  que estaba basado en un principio que apenas distinguía era. Notas y bosquejos en el cuaderno de Adrián, garabateados entre trazos, mórbidos relatos cortos, bosquejos de artículos para Milenio, aparecían ahí las posibles combinaciones que después nos indicaría como hacer en la fonda y que en el proceso tomaban formas que a veces resultaban muy distintas a como fueron concebidas, siempre tuve curiosidad por sus cuadernos y un enorme respeto por las cosas que ahí se guardaban escritas por la inseparable pluma fuente de su dueño…

Afuera: 40 grados de temperatura, dentro de la cocina esta aumenta dramáticamente. Adrian está hablando, mira fijamente y gesticula, ingenioso, polémico, herético, en esa ocasión habla de los clientes, me cuenta como hace tiempo hizo un menú basado excelsos principios japoneses, aquello de que el caldo entre más claro es más puro, cosas así, me cuenta como logro uno excepcional; tanto que este no fue comprendido por los clientes. ¿Sabes?- dice- el plato era demasiado contemplativo…

¿Cómo soportas una camiseta debajo de la filipina?- me pregunta Adrian sudando por el intenso calor al ver que ando tranquilamente por la vida con una filipina de manga larga y debajo una camiseta de algodón, no recuerdo que le conteste…pero muchas veces me he hecho la misma pregunta…

Al estar dentro de esa cocina uno tenía la sensación de estar en un lugar único, me costaba trabajo romper con mi pasado de cocinero de hotel grande. Ahí el sabor de las cosas, desde mi perspectiva, representaba algo mas subjetivo, era algo así como la lirica de la poesía o literatura, hay quienes conocen a la perfección el idioma pero son incapaces de lograr un verso o un párrafo que tenga sentido o que diga algo más, creo que esto puede aplicarse a la cocina, hay quienes son graduados de escuelas y dominan técnicas, temperaturas, conocen de memoria glosarios gastronómicos etc. Pero serian incapaces de lograr lo que se lograba en la fonda…

Una tarde Adrian me pidió una reducción de tomate que no supe cómo hacer, recuerdo ahora las palabras que me dijo el Chef Rafael Carrillo en el Hilton de Guadalajara hace 15 años cuando me vio sazonar una sopa de lentejas. “ no la dejes como a ti te gustaría comerla, ponle un poco menos de sal de la que usarías si fuera para ti, se trata de hacer algo estándar” desprenderme de ese principio dado por Carrillo me ha llevado años, pero en la fonda tuvo su clímax esa tarde cuando telefónicamente adrian me indico hacer una reducción de tomate, la hice como si se tratara de una simple casé, el resultado fue vergonzoso, hubiera merecido que me mandaran a la calle…cuando él llego y vio la salsa no pude detectar ninguna reacción, pero al otro día cuando llegue a la fonda él estaba ahí, me dijo: “reducción, mi estimado, es esto” y me enseño una salsa roja y tersa…guarde silencio y admire su aplomo…

Me encontré con una forma nueva y desconocida de concebir la comida, no de sentirla si no de crearla, sin ningún asomo de pretensión, no existía la intención de hacer algo que asombrara a una masa lerda de clientes impresionables , lo que de esa cocina salía tenía una base mas imperiosamente matemática, algebraicamente se trabajaba con materiales como si fueran variables en una ecuación que al final armonizaba igualándose. Analizar las posibilidades de ese plato en cuestión con un vino era algo que estaba fuera de mi lógica, un tejido de sensaciones que se agolpaban en mí, a modo personal vivía una etapa extraña en mi vida. Simbióticamente reptaban en mí la extrañeza de encontrarme en una ciudad desconocida, y la secreta felicidad de haber venido a ella siguiendo a una mujer, misma que se convertiría en mi esposa, Ivonne me esperaba todas las noches cuando regresaba…de alguna manera la fonda se quedo en mi memoria porque fue la única vez que vi a Ivonne interesada en el tema de la gastronómico , ella que comía frugalmente no sentía ningún entusiasmo por la comida, pero la fonda le intereso por lo que yo le contaba, con la fonda se va ese recuerdo porque ahora ya no están ni Ivonne ni la La Fonda en este mundo y yo me he convertido en un viudo melancólico que escucha a Árcade Fire tratando de lograr algo que asemeje en intención a lo que ahí vi alguna vez…

La fonda esta amortajada…dice Adrián.

Dice también que habrá resurrección… ¿podrá Ivonne resucitar también? Supongo que no y hay vivir con eso… en alguna parte leí que siempre estamos pidiéndoles perdón a nuestros muertos por estar vivos…

Se dice también que La Fonda esta en reposo…el reposo del fuego. Solo espero que el reposo no demore tanto y algún día pueda resurgir  como antes fue: única irrepetible… y herética.

No puedo esperar a Ivonne de nuevo…pero si a la fonda.

Héctor Mora Pacheco

11 marzo, 2012 / hedapa72

After the deluge


“…Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado…”

José Goroztiza  “Muerte sin fin”

A Claudia Gutierrez García.

La luna era un callado trozo de hielo suspendido en la negrura de cosmos. Las calzadas del cementerio estaban húmedas de lluvia reciente, caminábamos entre las tumbas añejadas por el tenebroso musgo que crecía en sus comisuras,  ella creyó escuchar voces que provenían desde abajo, puso atención y se detuvo a oír lo que decían,  comenzó a llover de nuevo y eso creo una espuma de sonido que difuminó los lamentos  que emergían de los sepulcros; bajo la lluvia me miró y preguntó ¿oíste? Lo que decían… ¿lo has oído?.

Vimos desde la colina que el mar se había congelado, me dijiste que haría falta mucha lluvia para volver a descongelarlo, creí que era cierto…

Una ola que quedo suspendida en el tiempo cuando intentó salir a la superficie, fue emboscada por el halito gélido que convirtió todo en estatuas de hielo… ¿y nosotros que éramos entonces?

Nos refugiamos en el calor de uno con el otro a esperar el deshielo…

Dijiste que no volverías  mas al  cementerio viejo, ibas a llevarle flores a tumbas desconocidas tres veces a la semana… ¿Quiénes eran? Te pregunte una vez y dijiste que habían sido amigos tuyos, un día te acompañe y al leer  los epitafios me di cuenta de que  la tumbas tenían mas de 100 años…

¿Y si el mar se queda así, como navegaremos?…patinaremos…quizá…

Un día me pediste una prueba de mi amor ¿cierto? ¿Qué te parece esta? No es un acontecimiento rutinario que el mar se haya congelado y que precisamente en el momento en que una ola estaba emergiendo de la superficie se haya quedado varada en el tiempo, parece cosa de Dios, él está jugando, mírala… ¿lo ves?

La ola tenía surcos de formas tan precisas en su cresta que obligaba a pensar en el diseño de una mente maestra…

… jamás creeré en Dios. ¿Tú has comenzado a creer?

Una  tarde anómala llego; trajo con ella un poco de sol, pero solo fue un poco, un leve atisbo de que estaba allá arriba donde no podíamos alcanzarlo, como un recuerdo…luego vinieron de nuevo las sombras de los días nublados que se fueron sucediendo uno tras otro, la lluvia llego como consecuencia, sin truenos, ni relámpagos, ni vientos, tan solo un remanso de agua cayendo del cielo como lagrimas, todo el dolor del mundo cayendo en forma de diminutas y serenas gotas que no lograban empaparnos cuando estábamos debajo de ellas y sin embargo tampoco podíamos mantenernos secos, no fui capaz de contar el paso del tiempo…fue tan impreciso.

Al final vimos la estela de luz emergiendo, fue lentamente aumentando su tamaño hasta que se fragmento en miles y miles de diminutas partículas.

Me dormí esa noche sin ti, sin saber en dónde estabas, desperté con la sensación de haber estado en un lugar donde había luces que caían  del cielo y seguían prendidas al estrellarse en el suelo, formaban una alfombra iridiscente…

Dejo de llover y la imprecisión del tiempo me llevo a  arrastrar a la luz del día los restos de un sueño mal terminado, confundido en mi estado de vigilia, fui a buscarte al cementerio con la idea de que era el único lugar en donde podías estar, te encontré con flores marchitas en tus manos poniéndolas en las tumbas olvidadas…me miraste como si estuvieras esperando a que fuera a buscarte… espere un abrazo que no llego.

La estela de luz apareció de nuevo fragmentándose a medida de que la hacíamos posible a nuestros ojos, descendió y se esparció por entre las calzadas del cementerio, te quitaste los zapatos y fuiste a sentir en tus pies el contacto de las miles y miles de partículas de luz…¿vienes conmigo?… fui.

¿Podia Existir algún otro lugar en el que hubiera querido estar?

Héctor Mora Pacheco.

24 febrero, 2012 / hedapa72

Inferno

“…Now that I’ve realised how it’s all gone wrong
Got to find some therapy, this treatment takes too long
Deep in the heart of where sympathy held sway
Got to find my destiny before it gets too late”

Joy Division “24 hours”

24 de diciembre, no recuerdo exactamente el  año, principios de los noventa. Veo una hilera de ordenes por salir en el comandero, estoy a punto de una crisis de angustia, por un momento pienso en mandar todo a la chingada y salirme de la infernal cocina, son las once y media de la noche, se supone que tengo que estar celebrando…pero nunca he sido feliz, y tampoco me han gustado nunca las celebraciones, así que no es problema que sea 24 de diciembre, bien podría ser mi cumpleaños y no habría diferencia, el punto es que  todo iría mejor si ese alemán  hijo de la chingada dejara de estar gritando, ¿Qué le pasa al pendejo? Cree que los cocineros bajo su mando somos judíos en Dachau, sus gritos hacen que todos estemos perturbados, me equivoco en un pedido, son  platos  simples de cafetería de hotel, sándwich pepitos, pechugas a la parmesana, pastas; mando unos macarrones en lugar de un fetuccini, me doy cuenta cuando ya es demasiado tarde, soy reprendido y corrijo el error pensando qué más da, ¡es pasta! pienso: ¿porqué todo debe ser con gritos? ¿nunca se habrá equivocado este cabrón Teutón?. Miro a mi compañero de línea, ambos traemos esos ridículos gorros que nos hacían portar, eran de papel, el suyo esta empapado de sudor; me devuelve la mirada, esta tan perturbado como yo, en sus ojos se ve el deseo de terminar… ¿amor al trabajo? Claro, lo tenemos, pero no esté día, no esta noche. Dos horas después  termina el turno, salimos y fumamos un cigarro en el estacionamiento del hotel mientras esperamos el transporte, otros cocineros se acercan a fumar, dicen algo que no comprendo. Me alejo un poco, mi compañero de línea me sigue, quiere otro cigarro; apenas conozco su nombre, no sé con quién vive o si alguien lo espera esa noche, no sé nada de él y tampoco muestra intenciones de decírmelo, así que decido ahorrarme preguntas inútiles; aspiro el humo lanzándolo al aire nocturno. El infame transporte llega y nos recoge,  al pasar por las calles se ve el jolgorio navideño por todas partes, siempre lo he odiado, odio todo, a todo el mundo en ese momento, me pongo unos audífonos de donde sale el Nevermind de Nirvana, mi compañero llega primero a su destino, se baja, solo hace una seña de despedida con su mano y yo lo imito…por un brevísimo instante pienso en desearle una feliz navidad, pero no le veo caso.

No sé la fecha, mediados de los noventa, estoy en el área de banquetes de un hotel enorme, hay una legión de cocineros sudorosos con las filipinas sucias, denotan trabajo duro, quemaduras en las manos, cortadas mal cubiertas con trozos de cinta y en su rostro una precariedad emocional que no se puede ocultar, llevamos tres días sin salir del hotel trabajando jornadas de 16 y hasta 18 horas, terminamos de servir la ultima cena a las doce de la noche, hay que recoger todo y prepararse para los desayunos que seguirán al amanecer, dormimos en una bodega de loza unas cuantas horas, no  hay manera de solicitar una habitación, el hotel curiosamente siempre está lleno, no hay disponibles, lo sentimos. Ante tantas negativas desde hace tiempo que sospecho que tienen la orden de la gerente de división cuartos de no dejarnos quedar en las habitaciones, apestamos a cebolla, especias, ajo, lo supongo pero no le veo caso decirlo a mis compañeros porque es bastante obvio, guardo silencio y me acomodo a dormir entre unas cajas, pienso que tengo solo 21 años y que a esa hora no debería estar ahí ¿en donde más? Es viernes, quizá en un antro pero no me gustan los antros, odio estar entre mucha gente, así que quizá mi lugar sea con esa legión de cocineros malolientes, duermo…me siento seguro con ellos.

La luz del día me lastima los ojos al salir del hotel, me siento un poco desorientado sobre la hora y la fecha, no pienso en eso, es temporada de lluvias en Guadalajara y esto hace que cuando salga el sol las cosas se vean como si estuvieran más limpias, es bonito, como para sentarse en la banca de un parque a contemplarlo, pero  en ese momento solo quiero irme a dormir y no saber nada de nadie, paso por un Dunking Donuts, compro un café y  un par de donas , son las cinco  y aun queda mucha tarde por delante, quizá entre a un cine…creo que mejor me voy a dormir.

El gerente de alimentos y bebidas odia al Chef, es una batalla de egos en la que el resto de la humanidad está en medio, somos como Roma en medio de las hostilidades de Julio cesar y Pompeyo El Grande,  si el Chef boicotea alguna indicación proveniente de la gerencia de alimentos y bebidas, es el equivalente a cruzar el Rubbicon;  el gerente es un tipo vanidoso que anda por la vida  con una ridícula flor en la solapa, considera al Chef una especie de usurpador debido a que, según algunos, quería a otro para el puesto; conspiran, intrigan, se acechan e  invaden sus terrenos mutuamente y nosotros somos como soldados que no sabemos a qué lado hacernos, algunos toman partido pero yo prefiero no hacer eso. Ellos dos se odian… yo los odio a ambos.

Tengo en mi mente una canción de Joy Division que me obsesiona, miro el fuego de las parrillas, arde la carne emitiendo un chirrido, arde la cocina; arde París…ardo yo.

Hay un tipo en la cocina fría de la cafetería del Hilton que asegura ser un asesino, quizá lo sea, el aspecto ya lo tiene al menos, me meto a su área a prepararme una malteada de fresa pero me arrepiento enseguida porque me aborda y comienza a contarme una historia sórdida, dice  que se ha venido de algún lugar del norte huyendo porque mato a un tipo, según él, en defensa propia, mientras sirvo mi malteada en un vaso  lo miro: es enorme, debe pesar por lo menos 120 kg. Mientras cuenta su historia sus manazas toman cuanta cosa ve en la mesa de trabajo y se lo lleva a la boca para procesarlo, sigue hablando y masticando sin importarle, es repugnante, no me interesa su historia, no la creo además; me largo de ahí ,  rumbo a mi lugar de trabajo me encuentro un bote de basura y tiro la malteada en el.

Un tipo está hablando, siento languidecer mi ánimo en medio de aquel curso de superación personal, no sé porque chingada razón creen que lo necesitamos, escupen su moralina haciéndonos creer que tenemos mucha suerte al pertenecer a la empresa,  tenemos que aguantar este tipo de cosas, supongo que quieren mantenernos con una estúpida sonrisa, hay quien se lo cree , veo  a algunos muy motivados, yo no lo estoy, ni siquiera creo en Dios y estos cabrones llegan al extremo de comenzar los cursos con ¡una oración! ¿Qué sigue, a qué hora nos tomamos todos de la mano? es una tortura, no presto atención a nada, garabateo cosas en un papel y de pronto el exponente me lanza una pregunta, no me he dado cuenta de que está haciendo preguntas a todos acerca de sus sueños y metas etc. Estoy tan distraído que pongo cara de estúpido y digo: ninguno, no tengo metas ni sueños. No recuerdo que paso después, solo sé que no tengo el diploma que dieron al final de ese curso, ni de ningún otro, porque los que me dieron los tire a la basura, no me interesaba ser positivo, no de esa manera al menos.

En el turno de desayunos de la cafetería todo mundo se odia, se siente en el aire, cuando uno llega ahí comienza a odiar también. El Chef de desayunos es un tipo extraño, le apodan El Zapata debido a un enorme bigote que porta orgulloso contrariando todas las normas de higiene, nadie ha podido hacer que se lo quite. Chucho Bermúdez es un cocinero de la línea caliente que parece escapado de una institución mental, cuenta cosas increíbles y siempre anda sucio, huele a tocino rancio y a cebollas encurtidas, es al único al que El Zapata respeta, cuentan que porque en una ocasión lo persiguió por la cocina con un cuchillo, desde entonces lo evade, y él se aprovecha todo el tiempo de los temores de su jefe, cuando recibe una orden sencillamente lo ignora y cuando la orden llega a través de un tercero simplemente dice: ¡dile que se vaya a chingar a su madre!, no le importa que el bufet de desayunos se quede sin chilaquiles y sin huevos, él ha triunfado, ha mandado a la chingada a su jefe y se pavonea de eso, recojo lo que fui a buscar a esa infernal cocina y regreso a la mía, en el camino me topo con alguien que está repartiendo la revista trimestral que editan en el hotel para el personal, la hojeo, hay fotos de cocineros sonrientes y muy limpiecitos, que bonito,  tiro la revista a la basura.

A veces paso tanto tiempo en el trabajo  que no se qué hacer cuando no estoy ahí, en la calle languidezco ante aparadores y luces, quiero esconderme pero no sé donde…regreso al hotel.

Un 14 de febrero de uno de esos años nos han ordenado hacer una figura de corazón en hielo, que cosa tan kitsch , la considero de mal gusto pero  la tenemos que hacer, echamos a perder varias barras de hielo antes de que un hermoso corazón transparente de agua congelada salga de la barra, al final lo contemplo, es espantoso, helado y muerto.

Una hilera interminable de platos que contienen Roast Beef vienen hacia mí, es una línea de ensamblaje de banquetes, uno levanta el plato, otro pone la carne, alguien más las verduras, y así. A mi me toca poner una papa que llamamos Duquesa, no es otra cosa que puré al que se le ha dado forma con una duya, no me pudo ir peor, la papa es difícil de manejar y se desbarata en mis manos cuando intento ponerla en el plato, la línea no debe detenerse y hago mis esfuerzos por hacerlo bien, un grito con acento francés me exige hacerlo mejor, lo miro y le miento la madre en silencio, hay tanto ruido alrededor que el sonido de los hornos eléctricos y el trajinero de platos sofoca mi rebelión, sigo haciéndolo, son 700 platos y luego siguen otro tanto con diferente carne y guarnición, cuando terminamos son cerca de las doce de la noche, me quito el mandil y me lo echo al hombro, me quito también el gorro de papel de la cabeza y lo tiro en un bote de basura, me voy a los vestidores y salgo a la noche fresca pensando en que habrá allá afuera, alguien se acerca y para evitar hablar con él me pongo mis inseparables audífonos, escucho a Mudhoney, no quiero esperar el transporte, enciendo un cigarro y camino por las calles buscando un taxi, la noche esta alta, mis ánimos no tanto.

La vi en un pasillo una mañana de esas, al pasar junto a mi sonrió a modo de saludo, en ese momento no se quien es,  tampoco imagino que en un futuro tendré dos hijos con ella…por un momento las cosas parecían ir mejor.

Héctor Mora Pacheco

4 febrero, 2012 / hedapa72

Diplodocus

Esta tarde hemos visto un diplodocus subir hacia el cerro grande, su enorme cuerpo se abre paso entre las estrechas calles de Real de Catorce;  se aleja lo mas rápido que puede, nos ha visto y parece asustado, su larga cola parece una serpiente volando por el aire, se hace pequeño a nuestros ojos a medida en que se aleja hasta que solo es una imagen borrosa y lejana que parece no existir, es solo un punto muerto en la memoria que  tercamente trata de no olvidar que lo hemos visto subir, lo hemos hecho realidad, un olvidado diplodocus alejándose, inimaginable, inexistente, imposible…sin embargo sé bien que lo hemos visto, nuestros ojos no nos han engañado, lo hemos resucitado y se dirige al cerro grande, allá va…¿no lo ves?.

Héctor Mora Pacheco.

21 enero, 2012 / hedapa72

Ivy…

 

A veces casi logro que te me olvides

pero solo a veces

…y solo casi.

 

Héctor Mora Pacheco.

9 enero, 2012 / hedapa72

Harmony dies

«Lord, stay by me
Don’t go down
I will never be free
If I’m not free now»
Nick Cave and the bad seedsand no more shall we part

Vi a Raúl Dávila García por última vez el 17 de septiembre del año de la mierda, venia de pasar una temporada en un pueblo escondido de San Luis potosí donde había trabajado en un hotel, me conto de ese lugar, árido, de clima hostil y lleno de mineros pues es un pueblo minero, me enseño unas fotografías tomadas con su celular del pueblo y sus alrededores, imágenes de casas viejas semiderruidas y habitadas por todos los fantasmas del pasado imaginables solo en la imaginería depresiva de Raúl, de sobra esta decir que no se veía nada bien, nunca he sido bueno para detectar las emociones de la gente en sus rostros pero a Raúl lo conocía de muchos años y la fisura en su ánimo era más que evidente, lo hubiera notado incluso si hubiera estado viéndolo a través de un telescopio a km de distancia, delgado y con menos pelo de la última vez que lo vi; en su rostro parecía que hacia un siglo algo no le provocaba una sonrisa, su sentido del humor había cambiado, cosa que lamente porque el siempre tenía algún comentario de humor negro con que definir alguna situación y precisamente eso había sido la medula espinal de nuestra amistad, por ese entonces yo estaba saliendo de un mal matrimonio y vivía solo en un pequeño departamento que siempre olía a caño, pero la renta era baja y me permitía sobrevivir y alimentar mi adicción a la música con el dinero sobrante, el llego al departamento cargando una mochila raída al hombro y vistiendo como siempre lo había visto vestir, convers, pantalón de mezclilla y camiseta negra, le ofrecí algo de tomar, mientras sacaba una cerveza, el solo quiso agua. cuando yo le conocí ambos trabajábamos  en el hotel Hilton de Guadalajara , éramos cocineros de línea, él en la caliente y yo en la fría, renuncio al hotel antes que yo porque necesitaba exiliarse de la ciudad debido al dolor que le causo haber terminado su errático matrimonio, necesitaba estar solo;  después de su renuncia yo segui en el hotel, una vez me llamo por teléfono , se oía tranquilo y contento porque estaba trabajando en un lugar de Michoacán, en un restaurante donde había hecho el menú a su antojo y según él no tenia las restricciones que tenía en el hotel, me alegre por él y le prometí visitarlo alguna vez, cosa que nunca hice…esa noche llego y se sentó en el único sofá que tenía en el departamento, quito el montón de ropa que siempre lo ocupaba y lo puso en el piso sin decir una palabra,  creo que e su tendencia al  silencio había aumentado, después con las cosas que me conto entendí que pasar tanto tiempo solo lo induce a uno al silencio sepulcral, silencio que para algunas personas puede resultar ofensivo, creo que eso tiene que ver con cuestiones de ego, pero son cosas que no entiendo bien y no hablare de eso ahora, mientras tomaba su agua se fijo en mis discos que tenia apilados en un estante , comento haciendo una ligera sonrisa, que le alegraba ver tantos discos, pidió permiso para verlos, le dije que no necesitaba que los viera a su antojo, yo me senté en el suelo a dar cuenta de mi cerveza,
– Veo que no tienes nada de Nick cave y sin embargo tienes toda la colección de u2
– Así es dije riendo, entonces el rio también y dijo que “Dios te perdone por eso”
– ¿Ah ya crees en dios?, le pregunte, él dijo que no pero de todos modos rezaría porque se me perdonara esa omisión, abrió su mochila y saco un ipod que conecto a las bocinas de mi aparato , puso un álbum de Nick cave, si mal no recuerdo se llama no more shall we part.
Hace mucho que no hablamos, vamos a hablar me dijo, sus palabras parecían influidas por algunos de los autores de los libros que frecuentaba, menciono después algunas frases que he leído ahora, años después en los libros que rescate de su departamento, algunos de ellos profusamente subrayados y con notas en sus bordes pertenecientes a la lastimosa caligrafía de Raúl ; me narro entonces con detalle, hasta altas horas de la madrugada como había sido su vida en esos años, una relación tormentosa con una mujer lo había mandado al foso emocional en el que se encontraba en esos momentos y que trataba inútilmente de minimizar, ella se había ido, el no sabía dónde encontrarla; al parecer sufría de una rara enfermedad que Raúl era incapaz de comprender y mucho menos de ralentizar, era difícil de sobrellevar, eso ocasiono una grieta entre ellos que no fue posible fusionar, ambos se amaban y el amor que sentían era tan intenso como el sufrimiento que la enfermedad provocaba no solo en ella sino en ambos. Yo recuerdo a Raúl frecuentemente deprimido, su carácter siempre me pareció extraño, había momentos que era totalmente callado, hasta la exasperación de sus posibles interlocutores, así que el dolor no era una cosa nueva para él, le oí hablar:
Pase muchos años solo trabajando en lugares apartados de las ciudades grandes, tratando de lamerme las heridas luego del divorcio de Eulalia, ¿recuerdas a Eulalia? Tuve dos hijos con ella y el saberlos lejos de mi era algo con lo que no podía lidiar muy bien, creo que por eso me escondía en lugares así, hubo otras mujeres con los resultados que te imaginaras, no me enorgullece para nada el hecho de que fueron varias, hubiese querido tan solo una y quedarme con ella, tener una casa, un pequeño jardín para poner dos mecedoras y sentarme junto a ella a ver correr las tardes…también me hubiera gustado tener un perro y más niños. Por alguna razón no he podido lograr eso, por favor te pido que no me salgas con mamadas metafísicas y de supuestas teorías “cuánticas” de que uno escoge todo lo que le pasa, de alguna manera es cierto, uno es el responsable, a veces se pone uno mismo las trabas pero yo en verdad quería otra cosa, aunque no lo creas odio estar solo, a veces te autoinflinges el dolor para poder echárselo a otros, no es mi caso, he reconocido que tengo un serio problema, y se perfectamente lo que quería cuando la conocí a ella, puse mis entrañas pensando que había encontrado finalmente lo que estaba buscando y aun creo que así era, no habrá nadie después de ella ¿te extraña que te diga esto? Hay cosas, personas que son definitivas en tu vida y ella lo es, no me veo con nadie más, simplemente no puedo visualizarlo y no quiero además, me dan miedo las posibilidades en el futuro; cuando nos separamos sentí lo que era la verdadera soledad…¿te da flojera que te cuente esto?

– Sobrevivo a un divorcio ¿recuerdas? No vale la pena hablar de eso, te sigo oyendo
– No creo que valga la pena oírme, no consuela decir estas cosas
– ¿Ni como desahogo?
– Me avergüenza ser un loser
– Eras buen cocinero, lo recuerdo bien, cuando estábamos en el Hilton, recuerdo que el  hotel se llenaba a cada rato de la noche a la mañana y nos ponían unas putizas en la cocina, la gente llegaba y se sentaba y así como se sentaba querían comer, la cocina se volvía un desmadre, todo mundo gritando…nunca te vi gritar a ti, siempre estabas ahí como si los gritos del chef no te afectaran en lo mas mínimo
– Fingía
– ¿Cómo?
– Si, fingía que no me afectaba, pero si lo hacía, estaba aterrorizado, muerto de miedo, aun ahora veo un comandero lleno de pedidos y me da pánico
– ¡no!
– Si, ¿sabes? A veces cuando estoy sacando servicios en la cocina y los pedidos se acumulan pienso que tengo a uno de esos cabrones chefs alemanes o franceses que tanto les gustaba contratar en los hoteles frente a mí, vigilándome como era en aquellos días, entonces siento esa mirada imaginaria sobre mi y hago las cosas más rápido; me funciona, hay cosas que odio hacer, como los hot cakes por ejemplo, no me salen bien, cuando tengo unos en la plancha y estoy teniendo problemas con ellos, ya sabes cuando se pegan o se queman o cosas así entonces pienso en el cabrón de Denis Ferrari, el francés que se negaba a darnos el saludo y que hablaba a gritos como si fuera Hitler ¿te acuerdas?
– Jajaja entonces es tu método para no ponerte “camote”
– ¿de qué te ríes? Lo digo en serio, funciona, prueba un día, piensa en el cabron chef que mas mal te trato y supéralo en la imaginación
– Pensaré en Gerald Morrison
– Él me trató bien, por eso no lo considero como ojo vigilante de mis paranoias
– Morrison te trato bien; ¡ vaya!
– A ti no porque nomas andabas haciéndote guey todo el día con Juan Delgadillo; por cierto salúdamelo, hace mucho tiempo que no se dé él ni lo veo, supe que se caso con tu hermana
– Así es, todavía somos muy amigos, creo que se lleva mejor conmigo que con mi hermana
– Lo que me faltaba, ahora le quitas el esposo a tu hermana.
Estuvimos así un rato, Raúl se dio el lujo de hacer bromas, a momentos hasta lo sentí contento mientras recordábamos cosas que habían pasado cuando trabajábamos turnos interminables primero en Fiesta Americana y luego en el Hilton, sin embargo luego de un rato lo vi ensombrecerse de nuevo, me pidió que le hablara de mi trabajo, que le contara cosas que habían pasado luego de que renuncio al Hilton; le conté que la ruleta del azar me había situado como chef de turno, cosa que no agrado a mis enemigos, los tenía en ese tiempo y algunos de ellos pensaron que el puesto seria suyo, juraron vengarse del perverso chef Arriaga y sus huestes de pendejos; al decir pendejos se referían a quienes éramos fieles al régimen autocrático del chef Arriaga, quien haya trabajado en una cocina de hotel de aquellos años comprenderá este absurdo énfasis en las hipérboles, como todo buen déspota Arriaga tenía enemigos al interior de sus dominios, a mí tampoco me agradaba del todo pero me convenía fingir que sí. Raúl solo lo conoció lo suficiente como para darse cuenta que no quería tener nada que ver con él y renuncio, yo por mi parte trate y trato ahora de no complicarme la existencia, hay veces que digo si cuando quiero decir que no, mucha gente, ex esposa incluida me ha tachado de conformista, tal vez tengan razón, aunque es mentira que los conformistas sean más felices y el reguero de relaciones rotas que he dejado a mi paso lo demuestra, a lo mucho y solo quizás tenemos una forma distinta de enfrentar el dolor, no en una forma práctica sino mas bien evasiva, Raúl por su parte no podía evadirse del dolor, lo llevaba a cuestas y le saltaba a frente todos los días, no entendí, ni entiendo ahora porque no podía lograrlo; la verdad es que me preocupe por el esa noche.
– ¿si sabes cómo, entiendes lo que te digo? Es como si el cerco se cerrara a mi alrededor y no pudiera ver mas allá, tomo pastillas para dormir, me cuesta pararme a trabajar, el otro día estaba rallando queso mozzarella, veía las fibras salir por los orificios, así sentí que tenía mis entrañas, con un rallador integrado haciéndolas sangrar, no es agradable y no encuentro la forma de hacerlo parar. Sé que la mente, el espíritu humano, el alma o lo que sea es algo muy grande, que la vida es algo grande, pero simplemente no puedo verlo.
– ¿has intentado con dios?
– ¿Ahora me vas a llevar a “pare de sufrir”? no gracias,
– Pensé que quizás podías hacerte cristiano y cantar alabanzas
– Solo si tú te haces musulmán guey
– Hagámonos budistas los dos
– Y dejar de comer carne? Ni madres, es una de las pocas cosas que me gustan…también me gusta la pasta, los macarrones con salsa de tomate, si tienes algo de eso por ahí en tu precaria cocina te lo agradecería que me invitaras…
Raúl salió esa noche de mi departamento en busca de un taxi, dijo que iba a un cuarto que había rentado cerca del centro, Juan Delgadillo me llamo a los pocos días para decirme que lo había visto extraño
– ¿Por qué te extraña? ya sabes que nunca fue precisamente un happy boy
– Pues si pero…
– ¿Paso por ti para ir al estadio?…
Seguí con mi vida, una semana y media después iba manejando rumbo a mi departamento cuando decidí bajarme en una tienda y comprar algunas cosas para hacer macarrones, pensé en invitar a Raúl, llamarlo y decirle que haríamos macarrones, tome una botella de tinto que vi al pasar por los pasillos del supermercado, la primera que vi, esa tarde llegue a mi departamento, Jonás mi perro estaba ahí esperando moviendo la cola, hablando con los ojos en un idioma que desconocía, hable con él, parecía atento a mis palabras respondía sacando fugazmente su lengua…
Eran las tres de la mañana cuando sentí la vibración de mi celular, era Juan anunciándolo, fingí que estaba soñando, que dormía profundamente para disimular mi falta de asombro ante lo que me estaba diciendo
– ¿me estás oyendo cabron?
– Si, te oí, aun no despierto bien
– Pues vete despertando Raúl esta muerto
Deje el celular de lado y volví a dormir, había en mi una mezcla de sentimientos, todos revueltos como en una martinera…
No fui al funeral, la sola idea de ver las tumbas y la gente llorando alrededor de un féretro me produce escalofríos, no soy capaz de lidiar con el dolor, tampoco con el ajeno, me limite a acudir al llamado de la madre de Raúl para recoger una caja me había dejado; la noche que tuve la caja leí los cuadernos de Raúl, vi algunos de sus libros oí un par de discos. Sentí hambre y prepare los macarrones, abrí la botella de tinto, me senté cerca de la ventana, era una buena noche, hacia aire fresco y entraba por la ventana. Iba a la mitad de la botella cuando se acerco Jonás moviendo la cola, le serví un plato a él también,
– ¿Qué es la vida Jonás?
Movió la cola como respuesta, estuvo ahí, a mis pies mientras yo terminaba la botella de vino y escuchaba un disco de Pulp, despedíamos a Raúl con macarrones y vino tinto, no pude evitar unas lágrimas, Jonás movió su cola y saco fugazmente su lengua…Jonás lo comprendía

Héctor Mora Pacheco.